Al piano, aprendo
dos veces las cosas:

una para tocar y la otra
para enseñar

Mis inicios

No recuerdo bien a la edad a la que empecé a tocar el piano. Mi madre fue la que me inició. Ella era profesora de piano y dejó su profesión para dedicarse a sus cuatro hijos, de los cuales yo era la hija más pequeña.
En mi casa sonaba mucha música de todo tipo. La clásica estaba siempre interpretada por grandes maestros como Larrocha, Arrau, Argerich, etc. Mi formación durante mis primeros años fué alimentada con la motivación de tocar para los demás. Cada vez que alguien venía a casa mi madre acababa por decir Cristinita, toca.

Y esa era la misión de la música para mí. Tocar para los demás y compartir un momento especial con ellos.

Una mala alumna

Cuando tenía 12 años mi madre buscó otro profesor que pudiese continuar su labor docente conmigo. Empecé a hacer clases particulares con profesores que vivían cerca de casa. Normalmente estos profesores no me explicaban cómo resolver mis dudas al piano, sino que me hacían repetir una y otra vez los compases difíciles, obligándome a hacer un trabajo rutinario que además daba malos resultados. No me gustaba estudiar así y trabajaba poco las piezas de las clases, así que aquellos profesores pensaban que era una vaga. Más de uno me dijo que aunque tenía facilidad no llegaría muy lejos. En realidad, mi tiempo al piano lo pasaba tocando lo que me gustaba (por muy difícil que fuese) y me ponía con ganas a trabajar aquello para lo que estaba segura que no me íban a “estropear” a fuerza de repeticiones sin un por qué. Todo cambió cuando conocí a mi primer buen profesor. 

Él me hizo amar el mundo del piano y de la música hasta el punto de querer ser pianista profesional.

Mis queridos profesores

Al entrar en mi etapa más académica y recibir clases de distintos profesores, me dí cuenta de la gran diferencia que hay entre unos y otros. Era una alumna bastante rebelde y si no me gustaba un profesor (sobretodo cuando me hacían repetir las cosas 20 veces o dejaban pasar por alto los fallos que hasta yo misma veía), ya no volvía a sus clases.
A parte de mi madre, éstos son los profesores que han marcado mi educación pianística:

Rafael de Castro:

Profesor venezolano educado en la llamada técnica rusa. Me aportó apoyo emocional, valor como músico y los primeros conceptos de la técnica pianística. Él habló con mis padres para darme apoyo en mi decisión de ser músico y me abrió la puerta a la siguiente etapa de formación en el extranjero.

Con él hice mi formación en el Conservatorio del Liceo de Barcelona.

Ilze Graubin:

Profesora letona formada en el Conservatorio de Moscú (alumna de Jakub Flier). Aprendí (sin método, pero con mucho esfuerzo) a trabajar repertorio de manera muy rápida, a memorizar con agilidad, a potenciar mi técnica de velocidad, escalas, calidad de sonido… mucha exigencia, mucho esfuerzo y un entorno maravilloso de músicos con gran talento.

En el postgrado de 4 años con Ilze trabajé la técnica rusa y toda su mentalidad.

Alicia de Larrocha:

Tomé con ella algunas clases. De esta grandísima intérprete e icono de la interpretación pianística en el siglo XX recibí inspiración de su enorme experiencia como intérprete, dándome indicaciones únicas y artesanas. Me sentí muy privilegiada en trabajar con ella. 

 Aprendí con cada uno de sus consejos que la diferencia entre lo bueno y lo sublime está en los pequeños detalles.

Emmanuel Ferrer-Laloë:

El que yo considero mi maestro, el que me cambió mi perspectiva de la pedagogía del piano y me enseñó que los resultados de tu estudio pueden ser increíbles con una buena metodología pianística, un trabajo riguroso y una gran dosis de humanidad en todo lo que hagas. Este gran maestro y músico discípulo de Monique Dechausées y la llamada “técnica francesa” vincula siempre trabajo del más alto nivel de precisión técnica con el más alto nivel de apoyo, cariño y humanidad con el alumno. 

Emmanuel Ferrer-Laloë: Un giro de 180º en la pedagogía del piano.

Sobre los aprendizajes de estos profesores he construido mi propia pedagogía, una manera de enseñar inspirada en todo lo valioso que he visto en cada profesor que he tenido.

Mi experiencia docente

He formado a alumnos que han sido admitidos con éxito en Conservatorios Superiores (Mannes de Nueva York, Glasgow, Barcelona), a profesores de piano que querían profundizar y enriquecer más sus conocimientos, a pianistas profesionales que deseaban mis consejos… he dado clases en centros de Valencia, Barcelona, Francia y China. 

También en mi etapa de dedicación familiar más intensa hacía clases en casa. Así mi tiempo para familia y para mis alumnos estaba bien aprovechado. Tenía pocos alumnos para poder dedicarles el máximo tiempo posible. Tiempo de calidad para ayudarles en su formación como músicos y como personas. No concibo el éxito académico sin un crecimiento personal que lo haya acompañado. 

Aunque el perfil de alumno que suelo tener es de nivel medio, superior o profesional, también he trabajado con niños, con alumnos amateurs, en clases colectivas o con amigos que simplemente querían aprender más para disfrutar mejor del piano. 

Como puedes ver, he tenido muchos perfiles distintos de alumnos. Cada uno es un mundo y por eso creo tan importante que el profesor tenga no sólamente conocimientos, sino también la habilidad de ordenarlos bien antes de enseñarlos. De esta manera, el maestro muestra un camino bien definido que el alumno disfrutará paso a paso.

Mi vida como concertista

Mi primera época de recitales como profesional se dá en combinación de mis estudios de postgrado. Es en esa etapa cuando realizo conciertos por Europa (París, Londres, Frankfurt, Riga, Valencia), mi debut en el Palau de la Música Catalana de Barcelona o recibo algunos premios en España e Italia (Arjau Barcelona, Manresa, Berga, Camillo Togni), especialmente por mis interpretaciones en música española.

Mi parón profesional

En el año 2004 tomé una de las decisiones profesionales más importantes de mi vida: decidí parar de tocar para dedicarme a mi vida familiar. En dos años tuve tres hijos y durante diez años he estado dedicada a ellos, combinándolo con algunas clases y puntuales conciertos de cámara, para no perder del todo el contacto con mi mundo musical. Esta etapa fue una de las más ricas, complejas y enriquecedoras que he tenido, ya que al igual que me dedicaba feliz a mis hijos, también sufría una lucha interna con mi faceta como músico. La pianista pedía a gritos su espacio y tiempo, como hasta entonces lo había tenido. Para saciar las ganas de música, me sumergí en la pedagogía musical para niños en edad temprana, como la metodología Suzuki, de la que soy una gran admiradora. Eduqué a mis tres hijos en metodología Suzuki, acompañándoles en sus clases y en su estudio diario con el violoncello, el violín y el piano.

Fueron diez años de dedicación, aprendizaje y madurez que llevo agradeciendo desde el momento en que volví a los escenarios. Todas las vivencias de ese tiempo (la felicidad de la familia, la inseguridad de volver a tocar después de tanto tiempo inactiva, el trabajo al piano aprovechando cada minuto de mi escaso tiempo… ) me sirvieron para volver a tocar con diferentes valores, más cultivados, con un amor inmenso hacia la música y con un gran sentimiento de gratitud por saber que sean en las condiciones que sean, la música siempre está ahí y tiene un gran valor, sea en formato de pedagogía Suzuki para niños o tocando en una sala de conciertos.

Vuelta a los escenarios

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En 2014 volví a los escenarios en una gira por los Estados Unidos que finalizaba en el mítico Weill Carnegie Hall de Nueva York, con un programa íntegramente de música española y comentando las piezas antes de su interpretación. A esa gira le siguieron otras más, como Colombia, Portugal, Londres o China, en donde estrené mi proyecto más personal llamado Duende, con un programa muy especial, lo que yo considero que es la nueva música española del siglo XXI, una música de gran virtuosismo que te invito a escuchar. 


Este año me han otorgado la gran Cruz de Oro de Fomento Europeo AEFE por mi labor cultural en el extranjero. Es un reconocimiento profesional que agradezco y que me anima a seguir tocando, al igual que la respuesta del público cuando disfruta y se emociona con el arte de la música con el que trabajo.

Sobre ti

Ahora que ya conoces mi historia, volvemos al punto de partida, en donde tú eres el protagonista.
Como ves, en mi formación no sólo he valorado la técnica de piano pura y dura, sino que también remarco la importancia de una pedagogía más humana y considerada con el alumno al igual que exigente en su trabajo y resultados. Eso es lo que vas a encontrar en tu formación aquí. Una formación completa en conocimiento técnico, organización de estudio y gestión emocional para que descubras el músico que puedes llegar a ser.

Éstas son las diez frases que resumen mis principios pedagógicos  y aquello en lo que creo

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